Un país sin justicia es un país sin democracia. En México, el Estado de derecho está fracturado, por una ineficaz y nada expedita impartición de la justicia, que es la que ha permitido, en última instancia, que el tejido social se esté resquebrajando, y que fenómenos como la delincuencia organizada avancen sin control.No sólo es la atávica corrupción la que corroe las entrañas de nuestro sistema judicial, sino la ineficiencia de sus procedimientos y la inhabilidad de sus impartidores. Esto da como resultado que la posibilidad de que un delito sea castigado es mínima, la impuniad reine y el estímulo a la criminalidad sea enorme.Por eso, si en verdad se quiere atajar la violencia de las bandas del crimen organizado en el país, no basta sólo con aumentar la capacidad de fuego de las policías y los militares —visión muy limitada del fenómeno—, sino fundamentalmente hacer que sirva el sistema judicial, para desincentivar las acciones delictivas y encarecer la comisión de los delitos al aumentar las probabilidades de que se castigue al infractor. VER MÁS…
Archivado en: Cárceles/sistema penitenciario, Corrupcción, Crimen organizado, Gobierno nacional, Impunidad, Medios de comunicación, Mexico, Percepción de inseguridad, Poder Judicial, Políticas de seguridad, Procuraduría/Ministerio Público, Rehabilitación y reinserción Etiquetado: | crimen organizado, delincuencia, inseguridad, Mexico, seguridad ciudadana, seguridad pública
