Hasta hace dos semanas, a la manera del cazador que cuelga sus trofeos en la sala de su casa, Felipe Calderón celebraba las capturas de los líderes de la delincuencia organizada sin importar las consecuencias de las mismas.
Enrique Peña Nieto comienza el sexenio reconociendo que los trofeos de la estrategia de Calderón fragmentaron a los grupos criminales y provocaron más inseguridad para todos. Más claro ni el agua.
Éste y varios mensajes más vertidos ayer en la sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública parecen el funeral de la llamada estrategia de seguridad y cuyo principal saldo es la dispersión de la muerte. VER MÁS…
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