Guatemala: Violencia armada / Elizabeth Ugalde

Julio y Dora llevaban ya seis meses saliendo juntos. Ese jueves quedaron de verse en la tienda de Don Mike. Estaban tomándose unas cervezas, cuando llegó Domingo, el amigo de Julio. Después de dos horas, tomando chelas, Dora recibió una llamada en su celular.  Al parecer era de un amigo, pero Domingo aprovechó para fastidiar a Julio, insinuando que se trataba de un enamorado de Dora.

Las chelas, al igual que los celos de Julio se siguieron acumulando en la mesa que compartían los tres. Una hora más tarde, Dora recibió otra llamada. La voz de un hombre se escuchó al otro lado. Domingo volvió a instigar a su amigo. Lo retó a que defendiera su “parcela”, a que hiciera valer su hombría. Lleno de celos y de furia, Julio sacó la pistola que cargaba al cincho y le pegó dos tiros en la cabeza a Dora.

Este caso se conoció en el Tribunal de Sentencia de Delitos de Femicidio de la capital. Los nombres son ficticios, pero los hechos no.

Me pregunto ¿qué habría sucedido si Julio no hubiera llevado consigo un arma? Seguro se habría puesto celoso, quizá le habría gritado a su novia, y hasta la habría golpeado, pero posiblemente no la habría matado.

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