El Salvador: El periodismo, la gasolina perfecta para el fenómeno de las pandillas / Roberto Valencia

La cifra de homicidios que se cometían a diario en El Salvador bajó de 19 a 6 entre los años 1996 y 2002, y los indicadores de delitos contra la propiedad también se desplomaron. Sin embargo, la percepción de inseguridad no recorrió el mismo camino, alentada por un sensacionalismo desmedido en los medios de comunicación, al punto que en 2003 el país asumió como inevitable el ‘manodurismo’ que ofrecía el expresidente Francisco Flores.

Los diez años posteriores a los Acuerdos de Paz de 1992 son extraños. El Salvador hizo las paces en el terreno político y militar, pero una hemorragia inatajable de violencia social anuló ese logro infinito. En paz los salvadoreños se asesinaron más que en guerra. Cifras de la Fiscalía General de la República hablan de 7,673 homicidios intencionales en 1994, de 7,877 en 1995, de 6,792 en 1996; tasas de 138, 139 y 117 homicidios por cada cien mil habitantes; en torno a veinte cadáveres cada día. VER MÁS…

México: Nunca más un joven en la cárcel ni en la plancha de un hospital / Carlos Cruz

Ante las actividades ilícitas realizadas por adolescentes y jóvenes es preciso subrayar que éstos no deben de ser considerados como infractores en el sistema de impartición de justicia, sino como víctimas, desde una edad muy temprana, de la explotación económica por parte de la delincuencia organizada.

Durante la década de los años 80 y 90, el uso de jóvenes para generar control y violencia en las escuelas de nivel medio superior y superior, así como en los barrios donde se avecindaban los planteles educativos, fue una acción sistemática de actores estatales y no estatales en México; de tal suerte que la permisividad del delito provocó que muchos jóvenes transitáramos rápidamente de los grupos de presión y control estudiantil a la criminalidad. VER MÁS…

Perú: Alarmante: menores usan armas desde los 12 años / Ana Briceño

Hasta junio, la PNP retuvo a 763 menores en Lima y Callao. En Maranguita, 98 están por homicidios y tenencia de armas.

En cada brazo tiene tatuados los nombres de sus padres y en los dedos de la mano derecha su apodo: ‘Nico’. La primera vez que disparó una pistola fue para robar un mototaxi, en Villa El Salvador. Tenía 17 años y una serie de ausencias en el colegio.

“Fue pa’ comprarme una lineal [moto]”, dice, en una banca del Centro de Diagnóstico y Rehabilitación de Lima, Maranguita, que acoge a 756 menores infractores desde los 14 años.

“Un amigo del barrio me habilitó la pistola por un mes, o sea, me la prestó pe’, y me dijo: ‘No la vayas a quemar’ [usar para crimen]. En Las Malvinas compré las balas”, relata.

El día del robo, lo acompañaron dos amigos suyos, cada uno con un cuchillo en la mano. ‘Nico’ sostenía el arma, él había planificado el robo durante una semana. “Le pegué un tiro en la pierna. Vendimos el mototaxi y yo me llevé mil soles”, dice. VER MÁS…

El Salvador: El gobierno se deshará de la palabra “tregua” pero seguirá dialogando con las pandillas / Carlos Martínez y José Luis Sanz / Entrevista con Benito Lara, ministro de Justicia y Seguridad Pública

El ministro de Seguridad no ve inconveniente en que los líderes pandilleros se reúnan en las penitenciarías. Ni pretende prohibir que, en nombre de una oenegé, Raúl Mijango ingrese a los penales. Ni interferirá en acuerdos entre pandillas. Y está dispuesto, incluso, a dialogar con las cúpulas de la MS-13 y del Barrio 18 si eso ayuda a la ejecución de la política nacional de seguridad pública.

A Benito Lara le gusta demostrar con pequeñas frases o ideas, presumir casi, que llevaba tiempo preparándose para ser ministro de Seguridad. Entra en la sala de reuniones cargado de carpetas y de dos teléfonos celulares que no pararán de sonar durante toda la entrevista, se medio desploma sobre el sillón, y antes de la primera pregunta bromea: “Este es un huevo más grande de lo que yo pensaba”. Pero es un albur. Resulta evidente, él lo hace evidente, que ha estudiado la gestión de sus antecesores, que tiene trazada su línea de acción, y que se siente completamente respaldado por el presidente Salvador Sánchez Cerén y por su partido, el FMLN, para despreciar las prisas y discursar sobre políticas de largo plazo, esas que tan poco se aplaude cuando hay un promedio de 10 homicidios diarios. VER MÁS…

El Salvador: No solo maras (II) / Roberto Valencia

Otro ramillete de microhistorias extraídas de los juzgados salvadoreños, que invitan a seguir pensando que el país tiene un problema de convivencia y de orden social que va mucho más allá de la existencia de pandillas.

Historias como estas se suceden en El Salvador con tanta frecuencia que han dejado de sorprender en una sociedad acostumbrada a la violencia. “La sociedad salvadoreña tiene adicción a la muerte, los salvadoreños somos adictos a la muerte”, me dijo hace tres años ya un psicólogo forense del Instituto de Medicina Legal. VER MÁS…

El Salvador: “Esto son las consecuencias del accionar de las autoridades” / José Luis Sanz / Entrevista con un vocero de las pandillas

El Faro habló con un representante de una de las principales pandillas involucradas en la tregua, la Mara Salvatrucha y el Barrio 18. Aunque admite que fueron pandilleros quienes perpetraron los ataques contra policías en los últimos días, niega que respondan a una línea de la cúpula de las pandillas. Dice sin embargo -en el mismo tono de advertencia o velada amenaza que se ha hecho habitual en la vocería de las pandillas- que si el gobierno no da facilidades a la tregua estos hechos pueden repetirse.

Hace algunas semanas, representantes del Barrio 18 nos dijeron en una entrevista que si el gobierno no respaldaba de nuevo la tregua y los abusos de la Policía seguían, se podía desatar una guerra abierta entre pandillas y la Policía Nacional Civil. ¿Los ataques de estos días son una señal de que esa guerra ha comenzado?
No, pero esto sí es consecuencia de tanta represión. ¿Cómo voy a detener a la gente si están provocándolos? Desde que aprobaron esa ley de que el policía puede disparar o si dispara ya no va preso, como que les dieron autoridad, o entendieron mal la ley, no sé, pero si un cipote se les corre o medio les hace así ya le empiezan a disparar. ¿A cuánta gente han matado ellos? Y no solo porque se les hayan corrido. Los han matado a golpes. O agarran a un cipote, lo penquean todo, le quitan su celular, sus pertenencias, y al rato lo dejan ir. VER MÁS…

El Salvador: No solo maras (I) / Roberto Valencia

El fenómeno de las maras representa la expresión más dolorosa de la violencia que impregna toda la sociedad salvadoreña. Los pandilleros se han ganado a pulso ser los depositarios del odio colectivo, pero basta estar pendiente de lo que sucede en los juzgados para inferir que El Salvador tiene un grave problema de convivencia y de orden social que va mucho más allá de la existencia de pandillas.

Historias como estas se suceden en El Salvador con tanta frecuencia que han dejado de sorprender en una sociedad acostumbrada a la violencia. “La sociedad salvadoreña tiene adicción a la muerte, los salvadoreños somos adictos a la muerte”, me dijo, hace tres años ya, un psicólogo forense del Instituto de Medicina Legal. VER MÁS…

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