Perú: Ignorancia y soberbia / Fernando Rospigliosi

Para el periodista, si dejamos que la violencia y sicariato sigan propagándose, podemos estar mirándonos en el espejo mexicano

El asesinato de una persona el domingo pasado en un concurrido restaurante de Barranco suscitó declaraciones desafortunadas del ministro del Interior, Daniel Urresti, y del presidente Ollanta Humala.

Urresti, que suele desaprovechar las ocasiones para quedarse callado, dijo una barbaridad: “En un 90%, las víctimas del sicariato son delincuentes. ¿Entonces, a quién debe preocuparle el sicariato tremendamente con esa estadística? Pues a los delincuentes, al poblador común no le preocupa mucho”. VER MÁS…

Perú: Tranquilo, las balas no son para usted / Editorial El Comercio

Necesitamos un plan de seguridad real y completo, que empiece por plantear la reforma integral de la Policía.

Después de que un sicario asesinase a alguien en el país por enésima vez, el ministro del Interior salió a combatir la percepción ciudadana de que un nuevo y todavía más agresivo problema se había sumado a los muchos que ya hacen que nuestro país sea el que tiene los segundos mayores índices de victimización en América Latina. Los sicarios, dijo, son usados principalmente por delincuentes para aniquilar otros delincuentes. Ergo, los ciudadanos decentes no teníamos por qué sentirnos aludidos por las balas que, como el último domingo, pasaban zumbando en la entrada de un restaurante barranquino.

En la misma línea, habría que interpretar que los familiares de las víctimas colaterales del sicariato (como la niña que murió el mes pasado a manos de los asesinos a sueldo que intentaban matar a su padre) tendrían que consolarse con el conocimiento de que las balas que las mataron no iban dirigidas contra ellas. VER MÁS…

Perú: Carlos Basombrío: “No se puede menospreciar el sicariato”

Para el analista, Humala y Urresti no entienden que es una herramienta del crimen organizado que afecta a todos.

El analista político y consultor en temas de seguridad Carlos Basombrío consideró que las declaraciones del presidente de la República, Ollanta Humala, y del ministro del Interior, Daniel Urresti, sobre el sicariato en el Perú son “profundamente equivocadas, bastante irresponsables y denotan poco conocimiento del problema”.

“No entienden que el sicariato es la manifestación del crimen organizado, es una herramienta, y que el crimen organizado extorsiona a personas correctas”, dijo en declaraciones a El Comercio. VER MÁS…

Perú: Ollanta Humala dice que sicariato es producto de globalización

Al igual que el ministro Urresti, el presidente afirmó que las víctimas de los sicarios son en su mayoría delincuentes.

El presidente de la República, Ollanta Humala, sostuvo hoy que el sicariato en el Perú es producto del “fenómeno de la globalización” y de otras variantes que no explicó a fondo. Añadió-al igual que el ministro del Interior, Daniel Urresti-que la mayoría de las víctimas de esta clase de crimen están vinculadas al hampa.

“La posición del Gobierno es que tenemos que luchar y enfrentar esta práctica criminal que viene de décadas atrás producto del fenómeno de la globalización, un fenómeno de diversas explicaciones que se da en el Perú”, refirió. VER MÁS…

Perú: Urresti: “El sicariato solo debe preocupar a los delincuentes”

Titular de Interior indicó que el 90% de las víctimas del crimen organizado serían delincuentes

El ministro del Interior, Daniel Urresti, señaló que la ciudadanía tiene mayor preocupación por el delito común que por el sicariato, del cual, la mayor parte de las víctimas serían delincuentes.

“El 80% de lo que agobia a la gente es la delincuencia común(…) en un 90% las víctima del sicariato son delincuentes. Entonces, a quién debe preocuparle el sicariato tremendamente con esa estadística? Pues a los delincuentes, al poblador común no le preocupa mucho”, manifestó el ministro durante una ceremonia de reconocimiento a agentes policiales por su labor. VER MÁS…

México: ¿Para quién trabaja la policía? / Lisa María Sánchez

Ninguna frase refleja mejor la indiscutible fractura que existe entre policía y sociedad como aquella que sugiere que ante la actual crisis de inseguridad “lo mejor sería deshacernos de las policías municipales”. Casos indignantes como el de Ayotzinapa, en el que 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos desaparecieran tras un enfrentamiento a balazos con la policía local, sirven para alimentar la desconfianza y recordarnos que en nuestro país no existe tal cosa como el imperio de la ley, y que esta última es igualmente violada por grupos criminales que por aquellos encargados de prevenir el delito y proteger a la población.

La doble tragedia de Ayotzinapa (la primera ocurrió en 2011, cuando una protesta de estudiantes del mismo plantel fue dispersada por agentes federalesy estatales dejando un saldo de dos estudiantes muertos, tres heridos, 42 detenciones arbitrarias y cero autoridades investigadas y sancionadas) se suma a un sinfín de sucesos traumáticos en los que la ciudadanía ya no sólo se reconoce azotada por la delincuencia, sino victimizada por el Estado. VER MÁS…

México: Una crisis de gobernabilidad / José Antonio Caballero Juárez

Los terribles acontecimientos ocurridos en Iguala vuelven a traer al debate el tema del funcionamiento de las policías municipales. Inmediatamente se señaló la necesidad de articular el mando único. ¿De veras el mando único va a resolver estos problemas? Si su establecimiento fuera la solución, entonces también podemos hablar de mando único para los presidentes municipales. En estos casos, la atención ha de centrarse en los gobernadores. Si éstos no funcionan, pues mando único para los gobernadores. En materia de derechos humanos, el tema es semejante. Las comisiones estatales de derechos humanos tienen problemas de credibilidad. Entonces le damos atribuciones a la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Y ahora que la CNDH también tiene problemas de credibilidad, ¿a quién se recurre?

La idea del mando único no es ni buena ni mala. Se trata de una propuesta de reestructuración de la jerarquía en los cuerpos de policía. Otra cosa es pensar que el mando único per se va a resolver todos los problemas. En primer lugar, lo que se debe tener muy claro es qué problemas se pretenden resolver. Cuando se habla de policías municipales, la
discusión debe incluir necesariamente temas que afectan a las comunidades a las que esas policías deben servir. De esta manera, si el problema, por ejemplo, son los asaltos a transeúntes, lo que se espera es que la policía tenga capacidad para prevenir estos delitos. La cuestión aquí es determinar si el mando único puede servir para resolver este problema. VER MÁS…

 

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