America’s child migrant crisis, a made-in-the-U.S. problem / Robert Muggah

The U.S. war on drugs and gangs at home just shifted the problem to Central America — and back

When gang members come knocking, Central American households are offered a sinister choice: give us your children or let them stay and be killed.

Not surprisingly, many of the region’s most desperate families are fleeing their homes in record numbers.

This past year alone, more than 62,000 children and adolescents made the perilous trek from the northern triangle — El Salvador, Guatemala and Honduras — to what they hoped would be safe refuge in the U.S.

The scale and pace of the displacement crisis is staggering. This year, U.S. custom officials picked up 17,500 unaccompanied children from Honduras, 15,700 from Guatemala and 14,500 from El Salvador. SEE  MORE…

Centroamérica moldea proyecto similar a plan Colombia

Tegucigalpa, HondurasLa propuesta es clara: el Triángulo Norte de Centroamérica: Honduras, El Salvador y Guatemala, aspira a que se desarrolle un proyecto similar al Plan Mérida o Plan Colombia para enfrentar la problemática migratoria.Esa fue una de las luces de hacia dónde iría encaminada la propuesta regional que a grosso modo adelantó ayer el mandatario hondureño Juan Orlando Hernández, en la inauguración de la Conferencia Internacional sobre Migración, Niñez y Familia.El continente entero se ha dado cita en el país para debatir sobre la crisis humanitaria que enfrentan miles de migrantes centroamericanos y sudamericanos que buscan llegar a Estados Unidos.Al evento acudieron diplomáticos acreditados en el país, organizaciones defensoras de los derechos humanos, funcionarios de gobierno, representantes de la sociedad civil, entre otros.Esta difícil situación migratoria también ha levantado las alertas en el país receptor de los migrantes: Estados Unidos. VER MÁS…

Niños migrantes: somos corresponsables / Cecilia Soto

En la tormenta perfecta que obliga a niños y menores centroamericanos a huir por decenas de miles hacia Estados Unidos interviene de forma importante la decisión del gobierno mexicano durante el gobierno pasado de blindar la frontera sur al paso de drogas. Así como la apertura de rutas de narcotráfico a través de nuestro territorio se multiplicó a raíz del cierre de la ruta Colombia-Miami, así nuestro éxito en la frontera sur al impedir con tecnología satelital que los aviones cargados con droga continúen su vuelo por México, ha contribuido a la violencia en Honduras, Guatemala, El Salvador y en el Caribe. En los 90 fuimos víctimas del éxito de una iniciativa local para un problema regional y en el sexenio pasado repetimos el error, ahora con nuestros vecinos del sur.

No es ese el único elemento que conforma la crisis actual, pero sin duda nos hace corresponsables en la búsqueda y colaboración para la solución del problema. Además de haber contribuido a un mayor trasiego de drogas al sur de nuestra frontera y a que Los Zetas tuvieran el incentivo de extenderse hacia allá, también somos corresponsables por el elemento obvio: los menores atraviesan nuestro territorio de ida en condiciones de extremo peligro, vulnerabilidad y violencia, como lo muestra en forma gráfica la excelente película La jaula de oro y porque también lo hacen de regreso ahora que los menores son deportados masivamente desde Estados Unidos. VER MÁS…

Honduras: Las honduras de la tragedia migratoria / Pascal Beltrán del Río

Para comprender la verdadera dimensión de la tragedia de los niños migrantes, hay que visitar este país centroamericano.

Imagine muchos de los problemas de marginación e inseguridad que sufre México, pero concentrados en un territorio más reducido que el del estado de Durango.

Honduras tiene unos ocho millones de habitantes, de los cuales alrededor de 1.4 millones tienen entre 5 y 19 años de edad.

Que unos 15 mil menores hayan salido del país en lo que va del año, intentando llegar a Estados Unidos para reunificarse con sus familiares, pero también para huir de la violencia, significa que uno de cada 93 niños y jóvenes emigraron en unos cuantos meses. VER MÁS…

Maras’ atizan el éxodo de centroamericanos

La violencia desplegada por la ‘Mara Salvatrucha’ atiza el éxodo de centromericanos hacia México y EU. Afectados narran cómo la pandilla ha transformado sus vidas

La violencia desplegada por la Mara Salvatrucha atiza el éxodo de centromericanos hacia México y Estados Unidos.

Antony Fabricio, de sólo cinco años, platicó cómo esta pandilla criminal asesinó a su padre en Honduras y quería acabar con toda su familia. Su madre, Brenda Maribel Yáñez, narró que llegaron a México para pedir asilo político, después de que los mareros ejecutaron a su esposo el pasado 20 de diciembre.

Historias como ésta se repiten una y otra vez desde el río Suchiate, en Guatemala, hasta Arriaga, en Chiapas.

En la Casa del Migrante Hogar de la Misericordia, en Arriaga, Rocío afirmó que prefirió dejar su tierra, pues los mareros querían reclutar a sus tres hijos adolescentes. VER MÁS…

El éxodo centroamericano / Humberto Montero

Es la 1:30 pm en San Salvador. Una muchacha de 24 años queda engullida en el atasco de una céntrica avenida. El sol luce como cada día y las calles están repletas en el frenético caos de la capital centroamericana. De repente, un transeúnte se acerca a su automóvil y golpea levemente el vidrio polarizado de su carro. Presa del pánico, al darse cuenta de que le apunta una pistola, la joven trata en vano de salir de la encerrona. Aterrorizada, comienza a hacer sonar la bocina de su coche pero nadie se mueve un palmo. El sonido de la muerte vuelve a percutir contra el cristal, pero la chica no baja la ventana. Esa decisión le costará la vida. Un segundo después, su asesino le descerraja dos tiros en la cabeza porque hay lugares donde el alma vale un arrebato y unos pesos. VER MÁS…

 

El Salvador-México: Los más violentos del mundo

Los países más violentos del orbe, por mucho, se concentran en un pequeño pedazo de tierra: justo el que colinda con nuestro país…

El 2 de septiembre de 2009, en Tonacatepeque, un suburbio de San Salvador, el cineasta Christian Poveda recibía dos tiros en la cabeza. Acababa de estrenar su último documental, La vida loca, un testimonio doloroso pero a la vez esperanzador sobre la vida de las pandillas en esas peligrosas calles. Para ello se había ido a vivir con
los “mareros” y se había hecho amigo de ellos.

Pero algo pasó: alguien sospechó que estaba hablando con la policía, o bien los líderes de Barrio 18 se enojaron por alguna imagen del video, y fue ultimado (quien se cree que dio la orden desde la cárcel es un líder apodado “El Molleja”). El hecho motivó un escándalo nacional e internacional que culminó con algo que parecía antes impensable: el acuerdo entre las maras y el gobierno salvadoreño para bajar los niveles de violencia. Un acuerdo inadmisible en cualquier otro país: sentarse con los delincuentes para pedirles que por favor cometan menos asesinatos. Pero en El Salvador la muerte violenta no es un fenómeno más, sino una enfermedad endémica que lleva al caos a toda la sociedad. VER MÁS…

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