El Salvador: Democracia y seguridad privada / René Martínez Pineda

El Salvador: Democracia y seguridad privada (1) / René Martínez Pineda
Existe, aunque el lector crea que es una exageración ideológica, una relación inversamente proporcional entre democracia y seguridad privada, en cuanto que el aumento sustancial del peso económico de la segunda, apoca y opaca al espíritu-nación de la primera, degradándola o pervirtiéndola. Peligrosamente, en las últimas dos décadas hemos visto cómo la seguridad privada se ha ido posicionando, por razones creadas intencionalmente, en un lugar privilegiado, tanto en los grandes medios de comunicación como en el imaginario social del salvadoreño pedestre.
Así, el vigilante privado –otrora una excentricidad de muy pocos, lo que le daba a éste un perfil de sacado de un gremio de artesanos medievales- se ha convertido en un elemento de la cotidianidad urbana; de las crónicas de las muertes anunciadas; del rumor cultural que los hace ser los informantes clave por excelencia –pasando del papel concreto en las investigaciones cualitativas, al papel general en el diario vivir que puede ser usado, incluso, por el delincuente- pues, es quien “sabe todo de todos (y quien dice “todo”, dice que conoce hasta las infidelidades de la vecina del 32); de las nuevas leyendas urbanas que lo convierten, primero, en el infalible “don Juan” de la colonia, desplazando al policía; y, segundo, en el individuo perverso que, de no pagarse la cuota mensual de seguridad, conoce el conjuro para que, por casualidad o mala suerte, sea asaltada la casa del moroso. VER MÁS…

Existe, aunque el lector crea que es una exageración ideológica, una relación inversamente proporcional entre democracia y seguridad privada, en cuanto que el aumento sustancial del peso económico de la segunda, apoca y opaca al espíritu-nación de la primera, degradándola o pervirtiéndola. Peligrosamente, en las últimas dos décadas hemos visto cómo la seguridad privada se ha ido posicionando, por razones creadas intencionalmente, en un lugar privilegiado, tanto en los grandes medios de comunicación como en el imaginario social del salvadoreño pedestre.

Así, el vigilante privado –otrora una excentricidad de muy pocos, lo que le daba a éste un perfil de sacado de un gremio de artesanos medievales- se ha convertido en un elemento de la cotidianidad urbana; de las crónicas de las muertes anunciadas; del rumor cultural que los hace ser los informantes clave por excelencia –pasando del papel concreto en las investigaciones cualitativas, al papel general en el diario vivir que puede ser usado, incluso, por el delincuente- pues, es quien “sabe todo de todos (y quien dice “todo”, dice que conoce hasta las infidelidades de la vecina del 32); de las nuevas leyendas urbanas que lo convierten, primero, en el infalible “don Juan” de la colonia, desplazando al policía; y, segundo, en el individuo perverso que, de no pagarse la cuota mensual de seguridad, conoce el conjuro para que, por casualidad o mala suerte, sea asaltada la casa del moroso. VER MÁS...

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: