Perú: El próspero negocio de las extorsiones / Gino Costa / El Comercio

Mientras que los robos al paso son el delito más extendido en el país,las extorsiones constituyen el más preocupante, peligroso y violento. Hoy son la principal amenaza criminal, como en su momento lo fueron el secuestro y los asaltos a bancos, aunque a diferencia de estos las extorsiones son menos selectivas y, por tanto, afectan a un mayor número de actores, tanto grandes como pequeños, y sectores productivos.

Un sector especialmente afectado es la construcción civil, como lo acaba de demostrar un excelente reportaje de El Comercio, que da cuenta de que por “protección” se cobra normalmente un cupo del 3% del costo total de la obra.

Los extorsionadores, enmascarados en falsos gremios laborales, demandan para su gente un número importante de plazas, por las que cobran a los beneficiarios. De no accederse al “servicio”, ofrecido bajo amenaza, no solo peligra la viabilidad de la obra, sino la integridad física y la vida de sus responsables que, según la fiscalía, solo denuncian el hecho en el 3% de los casos.

Mientras que las extorsiones en construcción civil ocurren en todo el territorio nacional, hay ciudades como Trujillo y Chiclayo donde organizaciones criminales tienen sometidas a chantaje a sectores productivos enteros, como el transporte público y el comercio, obligando a cada microbusero, taxista, mototaxista y comerciante a contribuir con una cuota diaria por el “servicio de seguridad”.

Las modalidades de extorsión son múltiples y se encuentran en permanente proceso de transformación. En la mayoría de los casos el uso de celulares es un instrumento fundamental y muchas de las llamadas provienen de los penales, desde donde se siguen dirigiendo las operaciones criminales.

La violencia es un fenómeno consustancial a este delito, porque está presente en la amenaza, eventualmente en la represalia y casi siempre en la disputa de los grupos criminales por su clientela. También puede estarlo en la respuesta, como ocurrió en Trujillo el segundo lustro de la década pasada o a fines del 2013 en el sur chico; en ambos casos fueron asesinados presuntos criminales, aparentemente por escuadrones de la muerte.

Aunque estas respuestas suelen ser populares, están reñidas con la ley y la ética, y son contraproducentes, pues  solo azuzan la violencia y alimentan el crimen.

El fenómeno delictivo en general y el de las extorsiones en particular prosperan por la inoperancia y corrupción  del sistema de justicia penal, especialmente de la policía, tanto en su labor preventiva como investigativa.

La única forma efi caz de revertir el avance de las extorsiones e impedir que terminemos en el reino de la selva,  donde se impone la voluntad del más fuerte, es reconstruyendo la capacidad de inteligencia e investigación  criminal de la policía. Para hacerlo se requiere dar muestras de liderazgo y voluntad política al más alto nivel.

LA EXTORSIÓN AVANZA
En el top 5 de delitos — Según el Barómetro de las Américas, en el 2012 las extorsiones fueron el quinto delito  más extendido en el Perú, al representar el 7,2% del total. Las encuestas de victimización del INEI y de Ciudad  Nuestra corroboran su importancia.

BANDAS CRIMINALES
El caso latinoamericano — Somos el cuarto país americano con más extorsiones, casi empatados con Guatemala (7,3%)  y atrás de El Salvador (15,4%) y México (17,4%), países con organizaciones criminales que controlan territorios, las maras en los dos primeros y los carteles de la droga en el último.

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