Honduras: El rey justo de la cárcel del infierno / José Luis Sanz

En el corazón de San Pedro Sula, la ciudad más violenta del mundo, hay una cárcel que presume de vivir en paz. Un ladrón de 27 años que decapitó a su antecesor la gobierna con el respaldo de la mayoría de presos, que le consideran su benefactor. Su éxito allí donde el Estado no llega pone en evidencia el fracaso del sistema penitenciario hondureño, corrupto y desbordado.

Los colombianos tienen la llave de su celda y cuando alguien, toc, toc, golpea la gruesa puerta metálica, escrutan por una mirilla antes de dejarlo entrar a su refugio de paredes blancas, cocina propia, dos habitaciones y cuarto de baño privado con suelo y paredes de azulejos celestes. Hace solo un año, estos 25 metros cuadrados eran un comedor abandonado y abierto a una de las calles principales del penal de San Pedro Sula, Honduras. Ahora, una familia con negocios en Medellín lo ha convertido en su búnker de lujo en el núcleo mismo de esta cárcel mísera. Y no lo hubieran podido hacer sin el permiso de Chepe, el preso que reina en esta penitenciaría y que lleva 40 minutos sentado frente a mi en una silla de plástico, presumiendo de su cárcel.

Chepe habla con soltura y cecea como un amigo entrañable. Trata de convencerme de que al resto de presos él les pide, como un buen pastor, que se aparten “de esas vainas”, de la delincuencia. VER MÁS…

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