América Latinoamericana: La paradoja latinoamericana II / Gino Costa, Presidente de Ciudad Nuestra / Columna publicada en El Comercio

La semana pasada comentamos el informe de las Naciones Unidas sobre la situación de la seguridad ciudadana en América Latina y señalamos su más importante aporte, contribuir a explicar la aparente contradicción entre el notable crecimiento económico y social, y el deterioro de la seguridad durante la última década.

Anotamos dos factores explicativos: el crecimiento de las expectativas de consumo no siempre satisfechas por la precariedad del empleo, que induce al llamado delito aspiracional; y, la persistencia de la debilidad institucional para prevenir y perseguir el delito.

Hay que agregar otros dos factores explicativos aportados por Naciones Unidas, los sociales y los facilitadores del delito. Los primeros son la erosión de la familia y la escuela, instituciones fundamentales de control social. Los segundos son el acceso a las armas de fuego, el tráfico de drogas y el consumo de alcohol.

Tres fenómenos erosionan la familia: los elevados niveles de embarazo precoz, el crecimiento de los hogares monoparentales con jefatura femenina y los procesos migratorios por los cuales uno de los padres, o los dos, viaja al extranjero por trabajo y deja atrás una familia fragmentada.

La principal limitación de la escuela pública latinoamericana son sus altos niveles de deserción, que obedecen, principalmente, a la necesidad de trabajar a edad temprana y explican las dificultades de inserción laboral, pues quien no termina la secundaria quedará mal calificado e irremediablemente condenado a empleos mal remunerados.

Los facilitadores de la violencia y el crimen si bien no son su causa, sí constituyen factores que los impulsan. El fácil acceso a armas de fuego puede transformar conflictos y delitos en episodios letales. El tráfico de drogas es el principal propulsor de la violencia homicida en la región, aunque no parece ser el caso en el Perú. El consumo de alcohol también se relaciona con los homicidios, así como con la violencia de género y los delitos patrimoniales.

El informe de las Naciones Unidas es muy claro en reconocer la complejidad de los fenómenos criminales y la dificultad de explicarlos. Distintos tipos delictivos responden a diferentes factores explicativos. Además, cada país, ciudad y localidad es afectado por una particular composición de fenómenos y grados de intensidad.

En cada caso, el desafío de la política pública será comprender la naturaleza particular de los fenómenos criminales y sus causas, primer paso de una respuesta exitosa. Los factores explicativos que el informe aporta para comprender el fenómeno regional deben constituirse en herramientas de análisis para entender la realidad nacional, tarea aún incipiente.

Las universidades y los centros de investigación tienen acá un desafío de primer orden, al que hasta ahora le han dado la espalda. Es ahora de que dejen de hacerlo, pues se trata de comprender el principal problema de preocupación ciudadana y uno de los dolores de cabeza de las autoridades de gobierno a todo nivel. Para que esto ocurra sería bueno que el gobierno pensara en la necesidad de constituir un fondo concursable de investigación.

Lima, 10 de marzo del 2014

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