Perú: ¿Fin del 24 x 24? / Gino Costa, Presidente de Ciudad Nuestra / Columna publicada en El Comercio

El premier Cornejo anunció ante el Congreso que en treinta días se eliminaría definitivamente el 24×24. Ojalá que así sea, porque es una medida fundamental para dotarnos de una Policía de verdad. El asunto está en la agenda del gobierno desde sus inicios, pero hasta el momento no se ha tomado al toro por las astas.

Oscar Valdés, primer ministro del Interior, puso en práctica un piloto en las principales ciudades del norte, que involucró más de 12 mil policías y que concluyó en diciembre del 2012. Nunca se dio una explicación de su abandono, pero se sabe que la medida se consideró cara, dio pie a malos manejos y no logró transformar la situación de seguridad.

Tener una Policía profesional cuesta en cualquier país del mundo. El mal manejo de los recursos públicos es mal pretexto para interrumpir una iniciativa de esta envergadura. Tampoco es exacto que la medida no tuviera impacto, aunque acabar con el 24×24 es solo el punto de partida de su profesionalización, pues ella sola no eliminará sus múltiples males.

La iniciativa fue retomada por el ministro Pedraza, aunque nuevamente adoptó las características de un piloto, voluntario en este caso para quienes quisieran prestar sus servicios a la institución en sus días de franco. Cuadrante Seguro fracasó porque ni siquiera cubrió la mitad de sus 8 mil plazas; los particulares pagaban más. Algo similar ocurrió el 2006 con el plan diseñado por la ministra Mazzetti, el primer antecedente de este tipo.

Tomando en cuenta estas experiencias, se requiere crear un régimen de exclusividad del servicio policial al que acceden progresivamente las unidades policiales, a cuyos miembros se les paga una bonificación no pensionable equivalente a lo que hoy perciben de los privados. La incorporación debe ser obligatoria y definitiva, no voluntaria ni temporal, y quienes así lo hagan quedarán prohibidos de brindar servicios a particulares, so pena de ser destituidos.

También deberá estar acompañada de una nueva jornada laboral de ocho horas diarias, con turnos de mañana, tarde o noche en función de las necesidades del servicio. Tendremos, así, policías mejor pagados y descansados, y una institución que podrá, finalmente, disponer de su fuerza laboral para organizar el servicio público policial.

Se requiere un cronograma que no exceda los cinco años, como lo establece el Plan de Seguridad Ciudadana 2013-2018, y que defina su ejecución por regiones o unidades policiales. Deberá ir acompañado de las medidas de gestión, capacitación, equipamiento, bienestar y lucha contra la corrupción necesarias para potenciar el trabajo policial.

El más grande desafío es financiero, pues su costo asciende alrededor del 1% del presupuesto nacional. Considerando que la década pasada el peso relativo de Interior en éste se redujo a la mitad, el incremento solo compensaría en parte esa caída. Además, el gobierno ha decretado cinco aumentos de sueldos para los policías entre el 2012 y el 2016; por lo menos los tres incrementos pendientes podrían ser incorporados a esta ecuación.

Lima, 24 de marzo de 2014

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