México: El secuestro, la angustia que no para / Guillermo Blanco

Un 11 de julio, la esposa de José Miguel salió a comprar leche y pañales acompañada de sus dos hijos, uno de 3 años y el otro de 11 meses, ahí comenzó el calvario: nunca regresaron y ninguna autoridad le hizo caso cuando denunció el secuestro.

La mirada de José Miguel Galván esta perdida, cansada. Nunca pasó por su mente que del verde y húmedo Coatzacoalcos pasaría a una fría banca de concreto en la calle de Madero, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Nunca pensó que ahí tendría que apelar a la buena voluntad de los desconocidos para unir las piezas de un rompecabezas con forma de familia, desarmado por las manos del secuestro. VER MÁS…

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