Perú: A modo de balance / Gino Costa

Extorsión: A pesar de los sucesivos golpes de equipos conjuntos de la Fiscalía y la Policía a diversas bandas de extorsionadores –el más importante de los cuales ha sido la reciente desarticulación de “Los Sanguinarios Pulpos” de Trujillo–, las principales ciudades de la costa norte y la industria de la construcción siguen sometidas a la extorsión. El fenómeno avanza en Lima. Los homicidios, por encargo o no, tampoco parecen haberse detenido.

Narcotráfico: Con 31 mil hectáreas erradicadas, el gobierno volvió a batir su propio récord del año anterior (24 mil). Nunca antes se erradicó tanto en el Perú. Los decomisos de drogas cocaínicas también han aumentado. A pesar del involucramiento de la SUNAT y la adquisición de las garitas móviles, el control sobre los insumos químicos que se desvían a la producción de drogas y a la minería ilegal es todavía muy débil.

El principal déficit sigue siendo el VRAEM, donde el gobierno desistió de comenzar a erradicar, lo que precipitó la salida de Carmen Masías. La estrategia alternativa de reconversión voluntaria no ha dado frutos. Mientras tanto siguen saliendo cinco avionetas diarias con 300 kilos de droga cada una, frente a la pasividad del gobierno, que aún no se anima a detener el flujo a través de alguna forma de interdicción aérea.

Minería ilegal: La estrategia gubernamental fracasó. Son contados con los dedos de la mano los que se formalizaron y no se conoce de ningún gran grupo ilegal desarticulado, cuyos integrantes estén presos. A pesar de los iniciales dinamitazos de dragas, la extracción ilegal de oro y la depredación ambiental no se han detenido. ¿Se resignará el gobierno a la derrota o elaborará una nueva estrategia?

Terrorismo: Después de la detención de Artemio y la desarticulación de Sendero Luminoso en el Huallaga a principios del 2012, y el durísimo golpe a su estructura militar en el VRAEM a mediados del 2013, este año no se conoció de ninguna acción gubernamental importante. Mientras tanto el terrorismo siguió matando militares y policías. ¿Perdió el gobierno la brújula o se requiere paciencia para que la inteligencia –humana y electrónica– vuelva a dar frutos?

Corrupción: La ola moralizadora que llevó a la caída de varios presidentes regionales y de Rodolfo Orellana se ha detenido. Las investigaciones penales languidecen, los bienes y el dinero robados no se han recuperado, y los fiscales y jueces comprometidos no han sido sancionados. Belaúnde Lossio sigue prófugo hace siete meses, al igual que el presidente regional de Tumbes.

Lavado de activos: Gracias al trabajo de la Unidad de Inteligencia Financiera y de la Procuraduría que dirige Julia Príncipe, son múltiples los personajes –muchos de ellos políticos– investigados por lavado de activos. Sin embargo, las sentencias judiciales siguen brillando por su ausencia. El eslabón más débil de la cadena es la investigación criminal; recién este año la Fiscalía y la Policía constituyeron unidades especializadas. Lamentablemente, en su primer año la flamante Fiscalía ya está en su tercer jefe.

* Presidente de Ciudad Nuestra

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