México: Tanhuato: matar o morir / Jorge Fernández Menéndez

En el enfrentamiento con integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación en Tanhuato, volvió a ser atacado un helicóptero de la Policía Federal.

No es lo mismo lo que está sucediendo en Chilapa, en Guerrero, donde un grupo armado de 300 personas tomó a principios de mayo el ayuntamiento, se llevó consigo a un número indeterminado de personas, en el contexto del rivalidad entre los cárteles de Los Rojos y Los Ardillos, que lo sucedido el viernes pasado en Tanhuato, Michoacán, en la frontera con Jalisco, en el enfrentamiento en el que murieron 42 criminales integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación y un policía federal. VER MÁS…

Mexico: Criminal Battle Rages in Guerrero, Mexico Under Watch of Security Forces / Loren Riesenfeld

A gruesome battle between two relatively unknown drug gangs over a municipality in Guerrero, Mexico has led to mysterious disappearances, an uptick in murders, and political assassinations, the consequences of the state’s ongoing criminal fragmentation.

Chilapa de Alvarez, a municipality in Guerrero and one of the most heavily guarded areas in Mexico, has recently seen the disappearance of between 16 and 30 people, reported the BBC.

In total, since the violence in Chilapa first erupted near the end of 2013, around 105 people have been murdered, giving the municipality a homicide rate of 54 per 100,000 residents, which is over four times higher than Mexico’s national average.

Although the violence appears to be chaotic, a narrative is beginning to emerge. After a local mayoral candidate was assassinated in early May, an unidentified armed group stormed the municipality, stating that it was going to take over police functions and boot out members of criminal group Los Rojos. But the crux of the violence, according to Guerrero expert and University of Alabama anthropologist Chris Kyle, is a brutal conflict between two relatively unknown drug gangs: Los Rojos and Los Ardillos. SEE MORE…

Argentina: Cantero: el jefe narco que pasó de la opulencia a la villa / Germán de los Santos

El líder de Los Monos vivió escondido dos años en un asentamiento

Cincuenta y dos autos secuestró la Justicia a la banda de Los Monos, pero Máximo Ariel Cantero deambulaba por villa La Lagunita, en el sudoeste de Rosario, en un carro tirado por un caballo flaco y petiso. ¿Por qué el líder de una organización narcocriminal, que domina parte de la ciudad, vivía oculto desde hacía dos años en la pobreza? Su abogado, Carlos Varela, que defiende a los miembros de la banda desde hace tiempo, lo define como “un hombre rústico, duro, de los que casi no se ven más”.

Para comprender a Los Monos hay que conocer su historia, dice un veterano investigador policial. “Nunca rompieron con sus orígenes”, apunta. Cantero, que figura como analfabeto en el prontuario policial, no podía salir de ese ambiente precario, marcado por la pobreza. Si lo hacía quedaba a la intemperie, desprotegido. VER MÁS…

México y la violencia: ¿es el “Estado” el único culpable? / Carlos Malamud

En El señor de las moscas William Golding describe dramáticamente la maldad y la violencia que anidan en niños y adolescentes, especialmente cuando unos y otros actúan de forma gregaria. Las horrendas muertes de Simon y Piggy a manos de sus compañeros son dos momentos que marcan el clímax de una situación agravada por el aislamiento y la soledad del grupo protagonista de la novela.

Un ambiente similar se debe haber vivido en los macabros episodios que condujeron a la muerte de un niño de 6 años en Chihuahua, a mediados de mayo. El pequeño fue asesinado por cinco menores de 11 a 15 años (dos chicas y tres chicos), que jugaban a que lo secuestraban. Tras una sesión de torturas, la odisea terminó con su muerte. Según la última versión del fiscal, “todo empezó como un juego. Lo agarraban para bromas”…, pero “se les pasó la mano” y lo mataron “para evitar más problemas”.

Sólo los dos mayores de 15 años pueden ser imputados y condenados, mientras que los otros tres serán enviados a un centro de menores. El dantesco episodio dio lugar a diversas interpretaciones y pedidos de responsabilidades, como la de juzgar a los padres de los agresores. También se especuló con la existencia de ritos satánicos a partir de la vinculación del grupo asesino al culto a “la santa muerte”, tras ser introducidos por los cabecillas del “cartel de Sinaloa”, dirigido por el “Chapo” Guzmán. VER MÁS…

Perú: “Malas noticias”, / Gino Costa

Dos vigilantes de un colegio privado de San Juan de Lurigancho asesinados a sangre fría en la puerta del local. El director de otro centro educativo del mismo distrito asesinado al día siguiente cuando abandonaba su colegio. ¿Los móviles? En el primer caso se trataría de una represalia porque la directora del colegio se negó a pagar cupos a los extorsionadores; en el segundo, es posible que se trate de un ajuste de cuentas familiar. En ambos casos las muertes se atribuyen a jóvenes sicarios. VER MÁS…

 

El Salvador: La PNC sabe / Roberto Valencia

A mediados de febrero, el gobierno regresó a ‘Zacatraz’ a los líderes de la Mara Salvatrucha y el Barrio 18, movimiento que finiquitó la Tregua; ‘casualmente’, marzo se ha convertido en el más violento en lo que va de siglo. En silencio, la Policía Nacional Civil está tomando medidas de autoprotección extraordinarias que invitan a pensar que las cifras de marzo no serán algo pasajero.

Cada día de marzo asesinaron a dieciséis salvadoreños. No fue un viernes negro. No fue un fin de semana disparado. No. Durante los treinta y un días se registraron en promedio dieciséis homicidios. Repito: dieciséis homicidios asesinatos muertes. Dieciséis. Uno dos tres … nueve … doce … ¡dieciséis! Dieciséis personas. ¡¡¡P-E-R-S-O-N-A-S!!!

Consumidos quince años del ya no tan nuevo siglo, en las bases de datos de la Policía Nacional Civil (PNC) y del Instituto de Medicina Legal no hay registro de un mes tan violento como el pasado marzo. Pero lo preocupante, más allá de lo preocupante que son –que deberían ser– las cifras, es que no veo elementos, siquiera mínimos, que inviten al optimismo. ¿La pomposa marcha del 26 de marzo? Solo sirvió para evidenciar lo polarizada que está la sociedad, para demostrar que uno y otro extremo del arco político-partidario siguen viendo el tema de la seguridad como arma arrojadiza. VER MÁS…

Colombia: Cárcel de mujeres / Michael Reed Hurtado

Las cárceles arden y (casi) todos piensan en los (hombres) presos. Las mujeres (presas) son olvidadas, no consideradas o subsumidas como otros presos más -diferentes, menores y sin reconocimiento particular-.

Las mujeres experimentan el encierro institucional de manera muy distinta a los hombres. La discriminación en contra de ellas durante y después de la privación de la libertad es aguda; y su sufrimiento, tras las rejas, merece consideración especial.

La mujer presa suele ser aislada y olvidada por el mundo exterior. En un conmovedor artículo, “Desde el silencio, historias de mujeres en la prisión”, Sara Makowski Muchnik (1999) capta ese abandono. “El olvido desempeña un doble juego: por un lado, las mujeres presas se convierten en ausencias al ser olvidadas por la familia y por las personas cercanas; por otro lado, aprenden ellas mismas a olvidar a los otros y al mundo exterior para poder reconstruir algo diferente”. La cárcel tiene un efecto devastador sobre la relación de las mujeres con su núcleo familiar. Además, la prisión las marca con un estigma que tiene repercusiones mucho después de su liberación.VER MÁS…

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