Perú: Las cifras indicaban que estábamos por el camino correcto (4/4) / Carlos Basombrío Iglesias

“Nos tuvimos que ir un año antes, no porque hubiese mayores cuestionamientos a nuestra labor o alguna crisis en el sector o muertos por errores de manejo político, ni menos por algún escándalo de corrupción, sino por mi renuncia frente a problemas políticos por todos conocidos en el país.”

En las tres primeras entregas de este balance de nuestra lucha contra el delito urbano en el Perú, he presentado las estrategias que entendíamos eran las adecuadas para enfrentar el problema a distintos niveles y a las que apostamos para una estrategia de mediano y largo plazo.

Quiero ahora mostrar cifras que muestran que la situación tendía a mejorar. No conozco ninguna política pública que pueda más que eso en un periodo relativamente breve y ningún país que genere cambios inmediatos y drásticos. Y más bien el éxito se mide en función a tendencias positivas o negativas. VER MÁS…

 

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El Salvador: “Esto ya se convirtió en un tema personal entre policías, soldados y pandilleros” / Roberto Valencia

Advierte Rodrigo Ávila: “Vamos a tener que flexibilizar las leyes porque, si se identifica fehacientemente a 70,000 pandilleros, sólo quedaría convertir los estadios de fútbol en penales”. Además de diputado por Arena en la Comisión de Seguridad de la Asamblea y aspirante a retener la curul en las legislativas de marzo, Ávila es la persona que más años ha estado al frente de la Policía Nacional Civil: siete, en dos períodos diferentes. Sorprende que alguien como él tome distancia de las soluciones estrictamente represivas para abordar el fenómeno de las pandillas, y más que se atreva a hacerlo en plena campaña electoral.

El Salvador cerró 2017 con una de las tasas de homicidios más altas del mundo, pero el discurso gubernamental es de éxito.
El discurso del gobierno en materia de seguridad es contradictorio desde que llegaron en 2014. Primero culparon a los medios de crear una percepción de inseguridad, luego dijeron que sólo en unos pocos municipios había violencia, otro tiempo se jactaron de que los muertos eran casi todos pandilleros. Y ahora han cambiado a prevención, prevención y prevención, pero eso lo dicen sólo ante los organismos internacionales, mientras en otros foros aseguran que están enfrentando a las pandillas con todo… ¿Qué pasa? Que este gobierno tiene un enfoque totalmente errado. VER MÁS…

 

El Salvador: “Hay cero posibilidades de que las pandillas se debiliten con el modelo actual de prevención” / Roberto Valencia

Desde hace al menos dos décadas se repite como mantra que hay que invertir en prevención de la violencia, y de hecho el actual gobierno dice estar invertiendo docenas de millones de dólares en ese rubro. Alejandro Gutman vuelve a cuestionar con dureza un modelo que no funciona, visto el crecimiento brutal que las maras han tenido en los últimos años. Lo dice además sin pelos en la lengua: “¿Cómo puede haber oenegés que dicen trabajar en las comunidades y su oficina está en la Torre Futura?”

Si usted vive en El Salvador, cada vez que habla por teléfono, navega por internet o mira televisión por cable, está pagando un 5 % adicional por el servicio desde noviembre de 2015, un pago que debería estar mejorando su seguridad, la de los suyos, la de su comunidad. El nombre elegido fue muy explícito: Contribución Especial para la Seguridad y Convivencia (CESC), y ha permitido al gabinete de seguridad disponer de cuantiosos y renovables fondos, más que ningún otro gobierno desde la firma de los Acuerdos de Paz. VER MÁS…

 

Perú: “17 meses después, podemos afirmar que hay una estrategia en marcha y con importantes resultados.” (1/4) / Carlos Basombrío

El explosivo incremento del crimen urbano violento en el siglo XXI tiene múltiples explicaciones y sobre ello volveré en otros artículos. Analizo ahora sus características.

Esencialmente son tres las formas y escenarios de crimen violento urbano que afectan a los ciudadanos y que requieren estrategias específicas para obtener resultados adecuados. A saber: crimen organizado, la violencia en la ciudad y la inseguridad en el barrio. Hay conexiones entre ellos, pero también especificidades que requieren análisis y atención específicos. VER MÁS…

El Salvador: El Coronel Bercián no tiene quien lo atrape (I)  / Efren Lemus

Asmel Arturo Bercián Rivera, alias “Coronel Bercián”, es un hombre escurridizo. Procesado en El Salvador y Guatemala por tráfico de cocaína, ha sido vinculado al narcotráfico por funcionarios policiales de gobiernos de Arena y FMLN y es padre de uno de los pandilleros sancionados por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos. Aunque durante tres décadas el Estado salvadoreño ha mantenido en la mira al Coronel Bercián, este sigue libre.
El domingo 14 de agosto de 1991, el detective se enfundó el uniforme negro, preparó la pistola Beretta y leyó un documento con la etiqueta de “confidencial”. A las 7 de la mañana había llegado a la oficina antidrogas del puesto fronterizo de La Hachadura un mensaje que ordenaba ponerse en guardia a los custodios del paso entre El Salvador y Guatemala: “Los individuos (…) son traficantes de cocaína y en horas del mediodía de hoy ingresarán al país, a bordo de vehículos que utilizan para el tráfico de dicha droga”, les advertía la oficina central, en San Salvador.
La información detallaba que al grupo de narcotraficantes lo dirigía Asmel Arturo Bercián Rivera, un hombre originario de San Miguel, de oficio agricultor, entonces de 39 años de edad, a quien apodaban “El Coronel Bercián” o “El Tiburón”. Ni en los registros de la Fuerza Armada, ni en el Registro de las Personas Naturales consta que Asmel Arturo Bercián Rivera haya prestado servicio militar. La información en poder de la Unidad Ejecutiva Antidrogas (UEA), dependencia de la hoy desaparecida Policía Nacional, decía que al Coronel Bercián lo acompañaban tres hombres. Cuando cruzó la frontera lo acompañaban cuatro. VER MÁS…

Brasil: ¿Qué pasa en las cárceles? Guerra de narcos para controlar la cocaína de Perú

La última matanza es otro capítulo de la guerra en las prisiones para controlar la venta de cocaína producida en Perú, la más rentable en los mercados. Una guerra que “puede llegar a las calles”

El sangriento motín que ha acabado con la vida de 60 presos en el complejo penitenciario Anísio Jobim de Manaos ha dejado horrorizado a Brasil. Cuerpos carbonizados, decapitados, descuartizados… ha sido literalmente un baño de sangre, a juzgar por las durísimas imágenes publicadas por la prensa nacional. “Nunca he visto nada parecido en mi vida. Aquellos cuerpos y la sangre siguen nítidos en mi cabeza. Todavía estoy en ‘shock”, ha afirmado Luis Carlos Valois, el juez del Tribunal Penal de Manaos que visitó la cárcel después de la matanza.

Es la segunda peor masacre penitenciaria de Brasil, solo superada por el episodio de Carandiru, ocurrido en 1992 en São Paulo y en el que murieron 111 presos. Detrás de estas imágenes estremecedoras hay una guerra entre facciones rivales del narcotráfico. VER MÁS…

Latin America’s cities: unequal, dangerous and fragile. But that can change / Ilona Szabó de Carvalho, Robert Muggah

Latin America is one of the planet’s most urbanized regions. Three of its mega-cities are among the world’s largest – Buenos Aires, Mexico and Sao Paulo. Sprawling metropolises like Bogota, Lima and Rio de Janeiro are not far behind. These cities are complex, competitive and dynamic. Many Latin American cities also suffer from what some scholars refer to as “peripheralization” – they are fragmented, segregated and exclusionary. In a word, they are fragile.

The bulk of Latin America’s urbanization is taking place behind the scenes. In addition to the massive cities and conurbations up and down Latin America’s Atlantic and Pacific coastlines, there are another 310 cities with populations over 250,000 and another 16,000 smaller towns. Today, 82% of the population lives in cities. Already some 93% of Venezuelans, 92.5% of Argentinians and Uruguayans, 90.6% of Brazilians, and 89.3% of Chileans live in cities. SEE MORE…