México: Cada tres horas se comete un asalto en las carreteras

El martes pasado un autobús que transitaba en la carretera México-Toluca fue asaltado por 4 sujetos. Uno de los pasajeros, armado, asesinó a los asaltantes. Las autoridades encontraron los cuerpos de los presuntos ladrones tendidos en el asfalto.
El caso ha cobrado notoriedad por las consecuencias: una víctima que supuestamente hizo justicia por su propia mano. Pero el hecho es que de acuerdo con los datos oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, entre enero y septiembre del presente año se han cometido 2 mil 212 robos en las diferentes carreteras del país. VER MÁS…

¿Por qué tener un índice delictivo metropolitano? (Segunda parte) / Rodrigo Elizarrarás

Este gobierno ya tiró la toalla. Para muestra basta mencionar que uno de los pilares de la estrategia de seguridad –el programa de prevención del delito– no se le asignó un solo peso para el próximo año.

Hay varias señales que indican que este gobierno ya tiró la toalla. Al menos en el tema de seguridad todo indica que así es. Lo cierto es que a cuatro años de la brillante estrategia del gobierno federal aún no hay resultados claros que nos hagan pensar que se resolvieron los temas de los que se quejaban al principio del sexenio. Basta mencionar que uno de los pilares de dicha estrategia –el programa de prevención del delito– no se le asignó un solo peso para el próximo año.

Tres años después, la discusión sobre la calidad de las cifras delictivas en México está un tanto entumecida, por no decir muerta. Ya casi nadie comenta sobre la calidad de los datos delictivos y la metodología empleada por el SESNSP, ni sobre algunos otros indicadores que pudieran ser útiles para el análisis de la inseguridad. En general, los análisis mensuales se basan principalmente en las averiguaciones previas de homicidios dolosos y párele de contar. VER MÁS…

Hay que salvar la Policía / Editorial El Faro

El pasado 26 de marzo un pelotón del Grupo de Reacción Policial de la PNC entró en una finca de café de San José Villanueva, al sur de San Salvador, y mató a ocho personas. El informe oficial habla de un intenso tiroteo con pandilleros armados con un resultado inevitable de muertes. Sin embargo, abundantes testimonios y documentos recogidos por El Faro apuntan a que la versión oficial es falsa: omite detalles relevantes y manipula los hechos. El relato de sobrevivientes y testigos, junto a las autopsias y decenas de fotografías de los cadáveres, hacen concluir que aquella madrugada la Policía ametralló por la espalda a pandilleros que huían sin disparar, disparó a sospechosos ya rendidos y ejecutó a sangre fría al menos a dos jóvenes que no eran pandilleros.

Hay razones para pensar que no se trata de un caso aislado. Desde enero la estrategia de seguridad del gobierno, que sobre el papel incluye medidas integrales, se basa en promover la confrontación directa y a tiros con las pandillas. En 2015 se registran ya más de 150 enfrentamientos armados entre pandilleros y policías que han terminado en su mayoría con la muerte de uno o varios —en algunos casos cinco, ocho, nueve― sospechosos. El Ejecutivo presume de esos muertos. Ya en abril el presidente de la República se vanagloriaba de que un 30 % de las víctimas de homicidio del mes anterior hubieran muerto por balas de la Policía y el Ejército. VER MÁS…

Perú: “No perder la brújula” /Gino Costa

En los últimos casos de grandes redes criminales, la policía y la fiscalía han estado a la zaga de los acontecimientos.

El avance del crimen violento en el país parece incuestionable. Sin embargo, se trata de un fenómeno que puede ser detenido y eventualmente revertido, a condición de que se adopten las medidas necesarias. ¿Cuáles son estas?

La primera es ampliar la cobertura de la vigilancia y el patrullaje, que es la forma más antigua y eficaz de prevenir el crimen. No obstante, alrededor de la mitad de los barrios de Lima y de las ciudades del Perú no cuentan con este servicio. VER MÁS…

 

Bolivia: Policía: fuga sin reforma / José Luis Exeni

Por mucha conminatoria y declarado voluntarismo, la corrupción en la Policía, ay, sigue viviendo.

Regalitos envenenados, como brebaje-mandato, para que se lo tomen a plazo fijo. Hace cuatro años, el entonces flamante Comandante de la Policía Nacional, en acto público, sin sonrojarse, asumió el reto, en 90 días (no semanas, no meses), no-ven-ta-dí-as, de “erradicar el cáncer de la corrupción” en la Policía Boliviana. Antes de cumplirse el plazo, el cáncer en la verde olivo erradicó al comandante. Misiones imposibles, como preludio-fracaso, para que hagamos exigencia de cuentas.

Luego vinieron otros comandantes. Y renovadas promesas de “drástica reforma institucional”. Y agravadas demostraciones de crisis con/sin uniforme. Y más o menos sentidas invocaciones, incluso presidenciales, para hacer algo. Y cambios veloces en el Ministerio de Gobierno… ¿El saldo a la fecha? Inequívoco: por mucha conminatoria, buena fe, declarado voluntarismo, impostergable necesidad, pactos sectoriales, reflectores mediáticos, etcétera, la corrupción en la Policía, ay, sigue viviendo. VER MÁS…

Bolivia: Mapa del delito / Editorial La Razón

Detrás de los hechos delictivos subyacen factores de riesgo como la pobreza y la exclusión

Para nadie es desconocido que el número de delitos se ha incrementado en las principales urbes del país en los últimos años. Con el propósito de contribuir a una reflexión sobre la dimensión de este fenómeno en la sede de gobierno, el último reportaje de Informe La Razón, publicado ayer, presenta un mapa sobre los diferentes hechos delictivos que se cometen.

Los resultados de esta investigación, elaborada a partir de entrevistas a dirigentes vecinales, datos estadísticos recabados por diferentes instituciones y recorridos in situ, dan cuenta de que los delitos son algo corriente en al menos 20 de los 23 distritos que componen el municipio paceño. Por caso, de los 6.306 casos atendidos por la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) el año pasado, la mayoría (23%) corresponde a robos y hurtos cometidos contra personas y/o inmuebles, algunos con violencia, como los famosos secuestros exprés. Casi ningún barrio urbano se libró de este tipo de hechos, al igual que el tráfico de drogas al raleo.VER MÁS…

Brazil: Great read in Brazil’s slums, residents band together to protest Police shootings / Vincent Bevins 

It was Holy Thursday, and Udson Freitas was sitting on the balcony of his small house in the Complexo do Alemao favela when a girl ran onto his street below, screaming.

“They killed my brother! They killed my brother!”

Freitas ran down his steps, and was shocked to see that it was 14-year-old Ana Ferreira, who lived just up the hill from him. It couldn’t be possible, he thought. Her brother, Eduardo de Jesus Ferreira, was 10.

Hysterical, Ana said that Rio’s military police had shot Eduardo in the head.

It would have been far from the first time that Brazilian police, who are in a state of war with drug gangs here, had killed an unarmed resident since the military police began occupying the favela complex in 2010 as part of a “pacification” program in the slums. Just the day before, 41-year-old Elisabeth Alves had been shot in her home. SEE  MORE…