El Salvador: No hay maras en Berlín / Roberto Valencia

Berlín (Usulután) no es uno de esos pueblitos enmontañados de Chalatenango o Morazán que el periodismo tiende a presentar como los territorios inmunes al fenómeno de las maras. Berlín tiene más de 17,000 habitantes y está enclavada en una de las zonas más calientes desde que terminó la Tregua, pero su tasa de homicidios desde 2005 se parece más a la de Costa Rica que a la de El Salvador. No hay maras en Berlín, y eso merece una explicación.

Berlín no es Alemania, pero tampoco parece El Salvador.

De ahí mi desconcierto cuando el bus 354, después de serpentear por la sierra de Tecapa-Chinameca, llega a su destino, se detiene a una cuadra del parque central, y lo primero que veo al bajar es a tres policías con chalecos y escopetas que retienen contra la pared y manos en la nuca a un joven espigado y dócil. Un agente le saca la cartera de la bolsa y la revisa sin pudor. Otro le trastea el celular. Al poco lo dejan ir, ileso.

Desconcierto porque a Berlín (Usulután) me trae la convicción de que es un lugar tranquilo en parámetros salvadoreños. Durante la última década este municipio presenta tasas de homicidios más parecidas a las de Costa Rica que a las de El Salvador. Incluso en los últimos dosquetrésaños, cuando la violencia en los alrededores (Santiago de María, Tecapán, Mercedes Umaña…) se ha disparado, acá se han mantenido abajo, con un homicidio cada tres o cuatro meses. Vengo, de hecho, a buscar los porqués de esa tranquilidad. VER MÁS…

El Salvador: Más represión, más asesinatos, más armas, más reclutamientos / Carlos Martínez

La demanda de armas de las pandillas salvadoreñas se siente incluso en el mercado negro guatemalteco. Raúl Mijango, quizá el último entusiasta del diálogo como herramienta para detener la violencia, ha decidido hacerse a un lado. Y el gobierno, que aparenta estar convencido de que su apuesta por el manodurismo es el camino correcto, ve como mal menor que las cifras de asesinatos sean las más altas en lo que va de siglo XXI. Estos son algunos de los ingredientes del caldo explosivo en el que viven los salvadoreños.

 La oficina de Raúl Mijango se está quedando vacía. Ya empacó los libros, los documentos, los archivos, y la estantería de metal que los sostenía luce desolada. Esa estantería también se irá, uno de estos días, en el carro de la mudanza.

Desde 2012, Mijango ha sido el principal referente de la Tregua que el gobierno de Mauricio Funes propició con las pandillas. En el último año y medio –mientras ‘tregua’ se convertía en una palabra paria, y promoverla en poco menos que traición a la patria–, él ha sido casi la única voz que ha defendido aquel experimento y que se atreve a proponerlo, cada vez que puede, como la única solución a la violencia que vive El Salvador. Pero Mijango hoy está pensando en la manera de llevarse la estantería metálica y el mapa lleno de pinchitos de colores que todavía quedan en su oficina.VER MÁS…

El Salvador: La profesionalización de la gestión de las políticas de seguridad ciudadana: desafíos y lecciones aprendidas. Experiencia en la formación policial de El Salvador (II) / Jaime Edwin Martínez Ventura

Si bien en la región latinoamericana no ha existido una concepción o tendencia única de reforma policial, existe un amplio consenso político, científico, académico e institucional, en el sentido de que el gran objetivo de dicha reforma es convertir a las policías en instituciones profesionales, de servicio a la comunidad, sometidas al principio de legalidad, respetuosas de los derechos humanos y efectivas contra el crimen; en otras palabras, se busca romper con el modelo tradicional de las policías militarizadas, autoritarias, centralizadas, al servicio de las élites políticas, sometidas a los gobiernos de turno, aisladas y alejadas de la sociedad, con niveles bajos de educación, precariedad de condiciones para el ejercicio profesional, y, como consecuencia de ello, proclives a los abusos de poder, la partidización, la corrupción y la violación continua de los derechos humanos.

2.Origen de la Policía Nacional Civil y la Academia Nacional de Seguridad Pública de El Salvador
La Policía Nacional Civil (PNC) de El Salvador, surge de los Acuerdos de Paz suscritos en Chapultepec, México, el 16 de enero de 1992, que pusieron fin a la guerra civil iniciada en enero de 1981. Como parte de dichos acuerdos se decidió la eliminación de los antiguos cuerpos de seguridad que eran la Policía Nacional, la Policía de Hacienda y la Guardia Nacional y su reemplazo por una policía nueva, lo que quedó plasmado en los referidos Acuerdos, de la manera siguiente:
“Se creará la Policía Nacional Civil de conformidad con la Reforma Constitucional emanada de los Acuerdos de México. La Policía Nacional Civil será un cuerpo nuevo, con nueva organización, nuevos cuadros, nuevos mecanismos de formación y adiestramiento y nueva doctrina.” VER MÁS…

El Salvador: La profesionalización de la gestión de las políticas de seguridad ciudadana: desafíos y lecciones aprendidas. Experiencia en la formación policial de El Salvador (I) / Jaime E. Martínez V.

SUMARIO: 1. Introducción; 2. Origen de la Policía Nacional Civil y la Academia Nacional de Seguridad Pública de El Salvador; 3. La experiencia en la formación policial; 3.1 Situación encontrada; 3.2 Objetivos trazados; 3.3 Logros y resultados alcanzados; 3.4 Desafíos y tareas pendientes; 4. Contribución y límites de la formación policial en la gestión de las políticas de seguridad pública; 5. Temas pendientes para profundizar la profesionalidad policial; 6. Reflexión final: La profesionalidad policial y su relación con el enfoque punitivo o integral de las políticas de seguridad pública

1.Introducción
En los últimos diez años, en América Latina se ha registrado un aumento de la violencia y criminalidad, por lo que la seguridad pública se ha convertido en el principal o uno de los principales temas de preocupación ciudadana. Aunque los niveles delictivos son diferentes de una subregión a otra, y de un país a otro, el miedo al delito se ha extendido como una pandemia por todo el continente. Los argentinos, chilenos, uruguayos y paraguayos, viven igualmente preocupados por el crimen como viven los colombianos, brasileños, dominicanos o los centroamericanos.
En Centroamérica, especialmente en el Triángulo Norte conformado por Guatemala, Honduras y El Salvador, el crimen ha llegado a niveles insospechados: una tasa de homicidios en promedio superior a 55 por cada 100,000 habitantes2, en su mayor parte provocada tanto por las disputas entre agrupaciones de crimen organizado que brindan servicios de logística a los cárteles mexicanos del narcotráfico, así como por las maras o pandillas, entre las que se destacan las tristemente célebres MS-13 y el Barrio 183, que han hecho de las extorsiones la base de su economía criminal. En El Salvador, estas agrupaciones incluso han desafiado directamente al Estado, al atacar y asesinar a 39 policías en 2014 y, en lo que va de 2015, han matado a más de 40, así como a más de 15 militares y 8 custodios penitenciarios. VER MÁS…

Honduras: Rivers of blood / Teh Economist

A crackdown on gangs has so far made things worse

OUTSIDE the morgue in San Salvador, the family of 21-year-old Marcela Vargas waits patiently to collect her body. “I feel broken,” says her brother, Jónathan. “She was dating a guy—he wasn’t a gang member, but he had connections.” Along with her 18-year-old friend Liset she had been tied up and stabbed repeatedly. Police discovered their bodies on the banks of a stream that runs through the city’s centre on September 13th, nine days after they had disappeared.

Marcela and Liset are casualties of a ferocious clash of gangs which has plunged El Salvador into its bloodiest period since its civil war ended in 1992. Mara Salvatrucha and Barrio 18, two maras (gangs) with a combined membership of 72,000, fight each other for control of territory across the country. Two factions of Barrio 18, the Revolucionarios (Revolutionaries) and the Sureños (Southerners), are meanwhile at war with each other.

The death toll is horrific. In the first nine months of this year, 4,930 people were murdered in a country with a population of 6.5m; that murder rate is 20 times that of the United States (see chart). El Salvador has overtaken Honduras as the most violent country on earth bar those that are at war. Life in gang-controlled areas is miserable. The maras recruit children in primary school and extort protection money from businesses. Terrified parents do not let children leave the house unaccompanied; many businesses go bust. Nearly 300,000 Salvadoreans were forced to leave their homes last year, by one estimate. SEE MORE…

América Latina: Esta es la experiencia de 4 países que militarizaron la seguridad ciudadana

La polémica propuesta es analizada en esta nota especial de LaRepublica.pe en base a las experiencias de los países de República Dominicana, El Salvador, México y Argentina.

Las estadísticas demuestran que esta propuesta es contraproducente

Ante la creciente percepción de inseguridad ciudadana, cada vez gana más popularidad la propuesta de que las Fuerzas Armadas combatan la delincuencia; sin embargo, las experiencias de los países en donde se ha militarizado esta labor demuestran consecuencias inesperadas. LaRepublica.pe presenta cuatro casos de países de la región en donde se ha llevado a cabo esta idea.

1. La experiencia de la República Dominicana
En su artículo “Encarando al Jano bifronte: ¿reforma o militarización policial?”, la investigadora Lilian Bobea, cuenta que encontró que la tasa de muertes violentas en este país pasó de registrar 13.9 por 100 000 habitantes en el 2000 a casi duplicarla a tasa de una de 26.7 muertes en el 2005. VER MÁS...

El Salvador: Más represión, más asesinatos, más armas, más reclutamientos / Carlos Martínez

La demanda de armas de las pandillas salvadoreñas se siente incluso en el mercado negro guatemalteco. Raúl Mijango, quizá el último entusiasta del diálogo como herramienta para detener la violencia, ha decidido hacerse a un lado. Y el gobierno, que aparenta estar convencido de que su apuesta por el manodurismo es el camino correcto, ve como mal menor que las cifras de asesinatos sean las más altas en lo que va de siglo XXI. Estos son algunos de los ingredientes del caldo explosivo en el que viven los salvadoreños.

La oficina de Raúl Mijango se está quedando vacía. Ya empacó los libros, los documentos, los archivos, y la estantería de metal que los sostenía luce desolada. Esa estantería también se irá, uno de estos días, en el carro de la mudanza.

Desde 2012, Mijango ha sido el principal referente de la Tregua que el gobierno de Mauricio Funes propició con las pandillas. En el último año y medio –mientras ‘tregua’ se convertía en una palabra paria, y promoverla en poco menos que traición a la patria–, él ha sido casi la única voz que ha defendido aquel experimento y que se atreve a proponerlo, cada vez que puede, como la única solución a la violencia que vive El Salvador. Pero Mijango hoy está pensando en la manera de llevarse la estantería metálica y el mapa lleno de pinchitos de colores que todavía quedan en su oficina. VER MÁS…

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