Perú: Las cifras indicaban que estábamos por el camino correcto (4/4) / Carlos Basombrío Iglesias

“Nos tuvimos que ir un año antes, no porque hubiese mayores cuestionamientos a nuestra labor o alguna crisis en el sector o muertos por errores de manejo político, ni menos por algún escándalo de corrupción, sino por mi renuncia frente a problemas políticos por todos conocidos en el país.”

En las tres primeras entregas de este balance de nuestra lucha contra el delito urbano en el Perú, he presentado las estrategias que entendíamos eran las adecuadas para enfrentar el problema a distintos niveles y a las que apostamos para una estrategia de mediano y largo plazo.

Quiero ahora mostrar cifras que muestran que la situación tendía a mejorar. No conozco ninguna política pública que pueda más que eso en un periodo relativamente breve y ningún país que genere cambios inmediatos y drásticos. Y más bien el éxito se mide en función a tendencias positivas o negativas. VER MÁS…

 

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Perú: La seguridad en el barrio (3/4) / Carlos Basombrío Iglesias

“Barrio Seguro es la estrategia más importante y ambiciosa de prevención de la inseguridad que creo, sin falsas modestias, se ha impulsado hasta ahora en América Latina”.
Uno de los aspectos que más preocupa a la ciudadanía dentro de las múltiples tareas que tiene el Ministerio del Interior es cómo enfrentar la delincuencia urbana, que creció exponencialmente en los últimos 15 años.

Como dije en la primera entrega de esta especie de balance o rendición de cuentas, hay distintos niveles de criminalidad que se deben enfrentar con estrategias diferentes y específicas.

Expliqué primero cómo asumimos el enfrentamiento al crimen organizado en las ciudades; en la segunda entrega hablé sobre cómo habíamos concebido la lucha contra las bandas criminales, especialmente marcas y raqueteros, pero también el masivo fenómeno del robo callejero, expresado principalmente en el robo de celulares. VER MÁS…

 

Perú: 17 meses de lucha contra el delito (2/4) / Carlos Basombrío Iglesias

“Como en todos los países de América Latina y para el caso del mundo, en el Perú se repite la constante de que la gente se siente más segura en su barrio (incluso en los que no son tan tranquilos) que en la ciudad como conjunto.”

En la primera entrega di cuenta de los diferentes niveles de delito violento en el ámbito urbano y de cómo cada uno requiere un acercamiento específico. Describí cuál creo que es la estrategia adecuada para enfrentar las organizaciones criminales. Me ocupo, en esta segunda entrega, de lo que llamaría la ciudad violenta.

 

Como en todos los países de América Latina y para el caso del mundo, en el Perú se repite la constante de que la gente se siente más segura en su barrio (incluso en los que no son tan tranquilos) que en la ciudad como conjunto.

Ello tiene explicaciones múltiples, desde la percepción de que la ciudad es hostil e insegura, que se refuerza cotidianamente por los medios de comunicación donde vemos multiplicados los asesinatos, los robos violentos y cualquier otra situación que, cuando las comparamos con nuestro entorno inmediato (el barrio), tienden en la mayoría de los casos a ser más alarmantes y frente a los cuales nos sentimos menos preparados.

La segunda razón es que mucha de la criminalidad en las ciudades ocurre en los lugares de tránsito y encuentro. Para que haya arrebatos de celulares, tiene que haber paraderos muy congestionados o autos atrapados en medio del tráfico. Para que haya marcas tiene que haber bancos o casas de cambio. Para que haya discotecas y bares donde la violencia se exacerba, tiene que haber puntos de encuentro. O sea, la ciudad. Ese inmenso mundo anónimo donde todos desconfiamos de todos. Donde el diferente es casi sinónimo del peligroso. VER MÁS…

El Salvador : La Policía Nacional Civil está menguando / Roberto Valencia

Desde que en enero de 2015 inició la guerra contra las maras, un promedio de 52 hombres y mujeres ha renunciado cada mes a su trabajo en la Policía Nacional Civil, una hemorragia que afecta sobremanera a los empleados de menores ingresos: los agentes y los administrativos. La guerra también está pasando factura a la Academia Nacional de Seguridad Pública, que ha reducido a la mitad el número de policías graduados. La combinación de renuncias disparadas y vocaciones decrecientes ha provocado que la planilla del personal operativo haya bajado en 1,200 efectivos en dos años.
El año 2017 terminará con menos policías que los que había en 2016 en las calles de El Salvador. Y 2016 terminó con menos que 2015. La disminución responde a factores diversos, pero el principal es que más de 2,100 personas han dejado de trabajar para la Policía Nacional Civil (PNC) desde que en enero de 2015 el gobierno apostó a la guerra para afrontar el fenómeno de las maras o pandillas. Esas bajas tienen un motivo predominante: las renuncias. Y dos son los grupos de empleados más afectados: los agentes y el personal administrativo.

El Salvador: “Hay cero posibilidades de que las pandillas se debiliten con el modelo actual de prevención” / Roberto Valencia

Desde hace al menos dos décadas se repite como mantra que hay que invertir en prevención de la violencia, y de hecho el actual gobierno dice estar invertiendo docenas de millones de dólares en ese rubro. Alejandro Gutman vuelve a cuestionar con dureza un modelo que no funciona, visto el crecimiento brutal que las maras han tenido en los últimos años. Lo dice además sin pelos en la lengua: “¿Cómo puede haber oenegés que dicen trabajar en las comunidades y su oficina está en la Torre Futura?”

Si usted vive en El Salvador, cada vez que habla por teléfono, navega por internet o mira televisión por cable, está pagando un 5 % adicional por el servicio desde noviembre de 2015, un pago que debería estar mejorando su seguridad, la de los suyos, la de su comunidad. El nombre elegido fue muy explícito: Contribución Especial para la Seguridad y Convivencia (CESC), y ha permitido al gabinete de seguridad disponer de cuantiosos y renovables fondos, más que ningún otro gobierno desde la firma de los Acuerdos de Paz. VER MÁS…

 

México: De las ventanas rotas a la cero-tolerancia en la CDMX / Mónica Ayala

Hasta ahora no existe panacea para reducir el delito. Actualmente, en la Ciudad de México, continuamos viviendo las repercusiones de la implementación de una estrategia “exitosa”, cuyas consecuencias han contribuido a la formación de uno de los puntos críticos de homicidio más persistentes y crónicos de la capital.

En 1969, dos automóviles convertibles fueron abandonados –uno en una zona de bajos ingresos y altos índices delictivos en el Bronx, Nueva York, y otro en una zona de altos ingresos y bajos índices delictivos en Palo Alto, California. Ambos fueron estacionados en un espacio público y concurrido, sin placas y con el capote bajo. En los primeros 10 minutos, el vehículo del Bronx sufrió su primer robo. En 24 horas, todos los objetos de valor en su interior habían desaparecido y el auto quedó en condiciones deplorables. En cambio, el coche que se encontraba en Palo Alto permaneció intacto más de una semana, hasta que el sociólogo que realizaba este experimento, Philip Zimbardo de la Universidad de Stanford, decidió romper la ventana del coche. Dos horas después, éste fue sometido a varios actos de vandalismo. VER MÁS…

México seguro, limpia en proceso / Ernesto López Portillo

Que la ola de homicidios en México es una matanza en áreas focalizadas y no afecta a la población, de acuerdo con las autoridades. Entonces todos tranquilos

Estábamos equivocados. Creíamos que la epidemia de homicidios violentos en México era un indicador de inseguridad. No. Nos vienen explicando que se trata más bien de un indicador del ajuste de cuentas entre organizaciones criminales, las cuales trabajan en una limpia, o bien nos informan que es un indicador de la masacre entre la delincuencia organizada y las autoridades. La matanza es en áreas focalizadas y no se afecta a la población, nos recuerdan. Bien, entonces todos tranquilos.

Esto es parte de lo que nos dicen las autoridades. En el 2013, desde Michoacán, el entonces gobernador Fausto Vallejo Figueroa atribuyó la violencia a la pugna que hay entre Los Caballeros Templarios y las guardias comunitarias. En el 2014, desde Baja California Sur, el entonces gobernador Marcos Covarrubias declaró que la situación que estaba enfrentando La Paz tendría relación con un “reacomodo” de grupos delincuenciales y formaría parte de una situación a nivel nacional e insistió en que con todo esto, “Baja California Sur sigue siendo uno de los mejores estados para vivir”. VER MÁS…